No sé vender. Es algo que me han dicho infinidad de veces, y tienen razón; ya lo sabía. Tampoco es que tenga, aquí, un especial interés en vender. No es asunto vuestro es solo uno de mis proyectos, y es de los que entra en la categoría de hobby: me gusta plantarme delante de un micro, cámara o teclado y comunicar algo por lo que, en ese momento, sienta pasión. De hecho, de todas las cosas que hago, esta es mi preferida. Pero volvamos a lo que me molesta, que es más divertido. Me molesta vender. Y ya no te Ya, ya sé que les funciona. El problema es que yo vendo como me gusta comprar: «¿Qué es? ¿Me interesa? Lo compro». No necesito a un parlanchín comiéndome la oreja, no necesito promesas de escasez ni urgencias. Soy una persona muy simple con la tarjeta de crédito. Además, la parte premium de No es asunto vuestro no tiene un valor estrictamente instrumental. No sirve para adelgazar milagrosamente, no te promete un aumento inmediato de tu cuenta corriente. Es solo un lugar de encuentro para gente interesada en los negocios y la tecnología, una fuente inagotable de inspiración, entretenimiento y momentos de pura felicidad; una puerta a conversaciones fascinantes, ideas que te harán replantearte tu visión del mundo y una comunidad vibranAAAAAH ¡¡¡VALE JODER VALE!!! ¡¡¡SALID DE MI CABEZA!!!! (…) Pero, aunque no me guste vender ni sea una de mis prioridades en este proyecto, me encanta experimentar con el negocio de los contenidos, generar lo máximo posible a cambio de lo que ofrezco y, sobre todo, ir abriendo camino para que otros creadores puedan ganarse mejor la vida. De todos estos temas hemos estado hablando en los últimos episodios premium de No es asunto vuestro, y he sacado algunas conclusiones, aún en construcción:
Venga, coño, que es Navidad. 👇🏼
Por cierto:
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