102. ¿De dónde saco las historias?

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Debía de tener unos diez años. Era una mañana de invierno y me desperté siendo zarandeado por una mujer con gafas y un jersey gastado y cutre de los ochenta. “Víctor, Víctor, ¿qué te pasa?” Completamente descolocado, vi que estaba en clase de matemáticas y la señorita me miraba con cara de preocupación. “Uy, este niño no está bien”. Tenía ojeras pronunciadas y estaba completamente pálido. Llamaron a mis padres y me vinieron a buscar.

Una de las preguntas que más me suelen hacer es “de dónde saco las historias”. Se refieren a las historias que utilizo en muchos de los episodios del podcast de No es asunto vuestro y en la newsletter donde, por cierto, os podéis apuntar para recibirla cada martes. La respuesta no es sencilla, pero en este episodio voy a intentar daros algunas que os ayuden el máximo posible si vosotros también tenéis intención de utilizar el storytelling en vuestro podcast, canal de Youtube o lo que sea que estéis haciendo. Porque entiendo que, si estáis aquí es porque sois de los que hacéis cosas.

Digo que no es una respuesta sencilla porque la mayoría de las veces esta pregunta de “de dónde saco las historias” va acompañada de la frase “tienes una web, un libro de dónde las sacas? Un sitio ahí donde están todas a cholón…” Eso sería lo fácil…

Pero no, no hay ninguna web, ni libro con un montón de historias para que tú las puedas utilizar en tus contenidos. Al menos no que yo conozca. Y, además, si existiera, sería de poca utilidad. La principal gracia de las historias es que se adapten a lo que quieres explicar. La historia es únicamente un recurso para que tu mensaje entre mejor a la audiencia, para que lo que explicas sea más recordado. No explicamos historias por el simple hecho de explicar historias, esto no es ficción. Podríamos decir que si creas contenidos en Internet de no ficción del tema que sea, negocios, vídeo, podcasting, escritura, etc… lo que cuentas se aproxima a lo que en literatura es el ensayo. Así que no sería sencillo encontrar de un día para el otro una historia en una web o en un libro que se adapte exactamente al tema del que quieres explicar. Así que no, no tengo una web, ni un libro, no tengo una única y mágica fuente de historias.

Entonces, ¿de dónde sacas las historias? En seguida os lo explico pero antes dejadme que os hable de un lugar donde también hay buenas historias. Nudistainvestor.com, que patrocina este episodio, es una membresía con contenido para ayudarte a alcanzar la libertad financiera. Si te suscribes recibirás un montón de contenido de mucho valor, emails, vídeos sobre negocios, inversión, sobre tomar el control de tu dinero y sobre porno financiero. Nudista Investor os regala un resumen de uno de los libros más demoledores que se ha escrito jamás sobre negocios e inversiones: “The almanack of Naval Ravikant”. No os arrepentiréis.

¿De dónde sacas las historias?

En primer lugar y, seguramente la fuente más importante y también la más obvia es, haber vivido. Tengo la suerte de haber vivido muchas experiencias desde muy pronto. Gracias también a la manera de ver las cosas de mis padres, a los 14 años por ejemplo ya me fui solo a vivir unos meses a Londres y desde entonces no he parado de viajar solo o con amigos, he estado en medio mundo y he vivido mil experiencias.  Por trabajo, por placer. Muchas de las historias que explico en mis contenidos, ya lo sabréis si habéis ido escuchando mis podcast, son historias de mis viajes o de lo que he ido haciendo en mi vida. Evidentemente tienes más historias si sales de casa que si te quedas delante de la tele en el sofá. Aunque eso también es bueno para las historias. Luego llegaré a ello.

La segunda, haber leído. (Y eso, aunque no lo parezca, tiene relación con el día que me desperté zarandeado por la profesora de jersey gastado). Los libros siempre me interesaron desde pequeño. Y si quieres explicar historias no hay nada mejor como empaparte de los libros. Mi padre tenía, tiene, una gran biblioteca en casa. Tengo el recuerdo de entrar en su despacho, de pasearme con él siguiendo el borde de alguna de las estanterías y que me señala con el dedo el lomo de algún libro. Y me decía: “este”. Yo lo cogía tremendamente entusiasmado y corría a mi habitación sin tener ni idea de que acababa de capturar ni de qué sorpresas me iba a encontrar. Buenísima seguro porque me la había recomendado mi padre. Así que nunca dejar de leer. La mejor manera de explicar historias es dejar que otros te las expliquen.

Luego, en mi caso, tengo una ventaja clara. Soy el fundador de GuideDoc, una plataforma de cine documental en streaming. Cada día subimos una nueva película y todas ellas cuentan historias increíbles. Cada semana estoy en contacto con decenas de productores y directores que saben explicar muy bien las historias. Así que en muchos casos, mi trabajo principal, es también fuente de inspiración para lo que hago aquí.

A veces oímos gente que nos dice, si quieres hacer cosas en Internet, olvida las noches de Netflix. Entiendo por qué lo dicen, y tienen razón, llevar a cabo un proyecto en Internet (y si es un side project aún más) te obligará a ocupar tus horas libres para intentar tirarlo hacia adelante. Y yo muchas noches me veo delante de la vicisitud de, hostia, debería ponerme delante del ordenador para acabar algo que no me ha dado tiempo durante el día. Pero, aunque seguramente no deba, me obligo a desconectar y ver algo en la tele. La gente más creativa está en el cine y la televisión porque es donde hay más dinero así que yo me fuerzo (y lo disfruto) a consumir algo cada noche. Intento, eso sí, huir de lo más mainstream y trato de descubrir pequeñas joyitas que en muchos casos me ayudan a hacer click y pensar en algo que luego puedo aplicar en lo que yo acabo haciendo. Ya sea historias, formatos o simplemente ideas.

A parte de las fuentes luego también es importante estar atento. Tener el chip de que cualquier cosa puede ser una historia. Y eso se consigue como en cualquier trabajo o tarea, repitiendo. La mejor manera de hacer bien una cosa es haciéndola muchas veces.

Y, tal vez, aunque probablemente esto sería otro episodio, lo más difícil no es tener la historia sino explicar bien esa historia. Y no solo explicar, sino conectar esa historia con el mensaje que quieres transmitir. Y también saber discernir si vale la pena transmitir tu discurso con una historia. No todo tiene que ser explicado con una historia. No nos volvamos locos con el storytelling.

Como hoy, que para trasladaros todo esto que acabo de decir tal vez no hubiera hecho falta añadir ninguna historia. Pero ya que era el tema… la acabo.

Llegué a casa y mi madre llamó al médico. Un hombre larguirucho entró en mi habitación, donde por cierto yo me había vuelto a dormir, comenzó a inspeccionarme, a auscultarme… se le veía bastante despistado. Hubo un momento en que los dos nos quedamos solos. Si el médico hubiera sido House y hubiera echado un vistazo rápido a la habitación tendría el caso resuelto en segundos. Pero era un médico larguirucho de Lleida. Total que aprovechando que estábamos los dos solo le susurré. “Esta noche… No he dormido nada…” y miré hacia un libro que tenía en la mesita. Cien años de Soledad de Gabriel Garcia Marquez.

Ahí el médico lo entendió todo y muy enfadado, mientras ponía de mala manera sus herramientas en el maletín le soltó a mi madre “no tiene nada, dele un vaso de leche con Colacao y que duerma. Vaya manera de hacerme perder el tiempo”.

Y antes de cerrar la puerta, suspiró y dijo. “Bueno al menos tengo otra historia”.

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Nos vemos en Internet.